sábado, 18 de octubre de 2008

El Nalgazo




Imagínese por un momento amigo lector, qué pasaría en el mundo si todas las domesticas decidieron de pronto realizar una huelga general de cachifas.
Cálmese, no se angustie, es solo un hipotético caso que pudiera llegar a ocurrir si persisten las condiciones de humillación, maltrato y subestimación a que son sometidas estas humildes trabajadoras en todo el mundo.
Y es que efectivamente las cachifas organizadas pueden, ante una probable rebelión hacer cundir el pánico con resultados desastrosos para la economía mundial por aquello del ausentismo laboral que instantáneamente se produce cuando “las señoras” deben quedarse forzosamente en casa cuidando los niños y analizando la frase “nadie sabe la cachifa que tiene hasta que la pierde” porque es obvio que las domésticas, cachifas, servicio, criadas, servicio de adentro o servidumbre como se les llama según la clase social a la cual usted pertenezca, son un producto de primerísima necesidad ya que su alta demanda supera la escasa oferta, sino recuerde lo difícil que es conseguir en estos tiempos “una buena muchacha”.
Y es que nos damos cuenta que hacen falta cuando en casa abunda la ropa sucia, cuando el planchar cada día se hace más difícil, cuando los pisos reclaman cera y cuando las abuelitas comienzan a murmurar y a quejarse de tanto cuidar “los guarichos esos”... es en ese momento cuando se toma la histórica decisión... “el sábado bien temprano salgo para el campo a buscar una muchacha”.
Y el sábado bien temprano, dejando tras si una casa toda revuelta nos internamos en “el campo” prácticamente de cacería. Generalmente siempre llevamos una referencia geográfica que orienta el rumbo de nuestros pasos y que nos hace desechar por ejemplo a las de El Merey de Amana para preferir a las de La Guanota o las de Bejucales, dizque porque las de El Merey son muy rocheleras. Lo cierto es que cuando tenemos al frente la posible candidata comenzamos a especular internamente sobre las potencialidades laborales de la criatura en cuestión sin tomar en cuenta que “la muchacha” más bien es realmente una muchachita recién cumplidos los 14 y más de “una señora” para minimizar en la madre de la futura cachifa el terrible efecto desbastador de quedarse sin su hija y con postura filantrópica y benefactora salen con el viejo cuento de “me la llevo para ponerla a estudiar de noche” y al final, si la criatura “sale buena” (criterio que siempre dependerá del grado de sumisión observado por la señora y por la cantidad de metros lineales de ropa que planche “de aquí hasta las 5 de la tarde”) terminara, aprendiendo correctamente la poderosa formula autolimpiante del Ajax con triclorin y el teorema para evitar que la ropa quede percudida.
Hay quienes aseguran que mientras más lejos e inaccesible vaya usted a cazar cachifas, menor será la probabilidad de que se le escape, lo cual es algo así como someterlas a un régimen de ciudad por cárcel. Esto le garantizará además que la muchacha trabajará sábados, domingos, feriados y hasta el día de su madre. Es por esta razón que luego del primer fin de semana libre la muchacha recoge sus cuatro cosas y ni de vaina regresa el lunes.
El maltrato emocional hacia estas humildes trabajadoras, la subvaloración de las tareas que realizan y las humillaciones a las que comúnmente se les somete pudieran fraguar la rebelión colectiva, ya que, y es necesario alentar al mundo, las neocachifas han perdido todo rasgo de sumisión que se ha observado en tres grandes cachifas de la historia: la negra Matea, celebre por calmarle los cólicos al Libertador Simón Bolívar, la negrita Candelaria del Café Fama de América y Lucrecia a quien mi hija Carola le debe parte de su tamañote gracias a una extraña compota de plátanos con maíz cariaco que obsesivamente se empeñaba en suminístrale a pesar de la manifiesta resistencia de la criatura.
Por supuesto, el maltrato afortunadamente no es generalizado, hay quienes le dan el lomito a la cachifa y se comen el pellejo por interés de que la muchacha no se marche caliente alegando “bajo suministro de proteínas” y otras señoras que realmente han aprendido a valorar el trabajo domestico ejecutado por ellas aseguran que prefieren quedarse sin marido a quedarse sin cachifas.
¡Así son las cosas!
Sería muy interesante ver por la prensa que FEDECACHIFAS organizará por ejemplo el “I Congresillo Nacional de Neocachifas, similares y afines” para plantear un reto a todas las plantas de televisión por las constantes humillaciones observadas en las telenovelas por parte de las “señoras” en contra de las “domesticas”.
El peligro de una inminente rebelión está allí, latente. No olvidemos que en los famosos cacerolazos, mientras las señoras del country club caraqueño estaban jugando canastas o en la peluquería fueron sus cachifas quienes hicieron sonar fuertemente las cacerolas, que por supuesto en este sector no se llaman cacerolas sino ollas langostinos.
Roguemos a Dios que cuando las neocachifas decidan organizar una protesta no se les ocurra preparar “el nalgazo”, esto seria algo así como el cacerolazo pero dándole palmadas a todos los muchachitos a su cargo... ese día, estoy seguro llorará el mundo.
“Cachifas del mundo, unios” – gritará una revolucionaria – y no precisamente de El Merey de Amana.